No a la traducción de nombres
Después de haberles aconsejado que pensaran en la gramática como una buena amiga para la vida creo que es momento de que discutamos sobre otro asunto importante dentro de la literatura, las traducciones.
Y bueno, obvio nadie ha leído todas las novelas en su idioma original, siempre recurrimos a las traducciones y no esta mal, de hecho hay traducciones muy buenas, pero no me quiero enfocar en que tan buenas son o no las traducciones sino a la traducción de los nombres específicamente.
A mi parecer los nombre nunca se deben traducir porque pierden su esencia, un poco de su personalidad se esfuma cuando se hace la traducción de un nombre, no estamos hablando de Franciasco Kafka, y no es Gregorio Samsa.
Los nombres son una parte fundamental del todo, para empezar el nombre es aquella palabra que nos distingue del resto de los demás, tal vez no nos guste o tengamos cara de tener otro nombre, pero es nuestro y pasa a formar parte de nuestra identidad cuando nos es asignado, a partir de ese momento todo el mundo nos conocerá de esa forma, nuestros papeles, identificaciones y de mas cosas que sean de nuestra propiedad se identificaran de las de otros por nuestro nombre.
En la literatura los personajes también tienen nombre (no en todos los casos) y mucha veces el nombre es de lo más importante. Todos sabemos quien es Drácula o Harry Potter, el nombre de los personajes los hace mas reales, nos acerca a ellos, podemos hablar de un personaje como si fuera una persona de la realidad.
Las editoriales y los autores se pelean siempre por que se respete su nombre en sus obras, es por eso que nunca nos han mostrado a un "Carlos Dickens" o un "Alberto Camus", ¿Por qué entonces si traducen el nombre de los personajes? Es exactamente lo mismo, al traducir el nombre de un personaje no nos están mostrando al personaje que creo el autor, es otro, se transforma en el que el traductor invento. En el momento en que el nombre original es cambiado por una traducción, en ese momento muere el personaje y nace su doble, su imitación, el falso, la copia.
Así la invitación que yo les quiero hacer es que no acepten la traducción de nombres en las obras literarias, inclínense a leer al autor lo más cerca posible de su obra y no al traductor, lean al Arthur Savile que creó Oscar Wilde no al "Arturo Savile" de las ediciones populares baratas y si en algún momento se cruzan en medio de una discusión sobre La metamorfosis de Kafka recuerden defender a Gregor Samsa.
Chingón. Es un buen punto.
ResponderBorrarQue interesante y cierto en el nombre se encuentra parte de la esencia del personaje
ResponderBorrarQue interesante y cierto en el nombre se encuentra parte de la esencia del personaje
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